Alrededor de 130 mil argentinos al año sufren un accidente cerebrovascular (ACV), y uno de cada tres casos a nivel mundial, derivan en alguna discapacidad que puede ser motora, sensorial o cognitiva, según el área del cerebro dañada. La rehabilitación posterior al ataque cerebral involucra médicos, enfermeras, terapeutas, profesionales de la salud mental, y ahora también, investigadores de la bioingeniería. Así lo demuestran los ingenieros Jorge Mazzeo y Guillermo Campiglio, encargados de dirigir el Grupo de Rehabilitación Sensoriomotora del Instituto de Biomédica de la Facultad de Ingeniería de la UBA e impulsores de un dispositivo que ayuda a los pacientes con esta patología a volver a caminar.

“Nuestra línea de trabajo pone énfasis en las dificultades de bipedestación y de la marcha como consecuencia de trastornos neurológicos, tal es el caso de los accidentes cerebrovasculares y del síndrome de Parkinson, o bien de aquellas alteraciones resultantes del deterioro que naturalmente ocurre con el paso de los años”, aclaran los investigadores casi completando la respuesta entre los dos. Precisamente, fue a partir de este propósito que, hace algunos años, profesionales de la salud del Hospital de Rehabilitación Manuel Rocca de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires se acercaron al laboratorio ubicado en el cuarto piso de la sede de Av. Paseo Colón 850 para plantearles un problema: necesitaban un dispositivo que controlase si los pacientes apoyaban o no el talón al momento de intentar caminar, ya que su calzado dificultaba la visión y no permitía una evaluación fidedigna del proceso de rehabilitación.

La respuesta a dicha dificultad se basó en el diseño de un sensor que al colocarse dentro del zapato indicaba al médico si el paciente descargaba su peso sobre el talón. Sin embargo, después de implementar esa solución, nació un interrogante entre los integrantes del grupo: ¿qué sucedería si el paciente recibiera la información inicialmente reservada para el médico? ¿Cómo ayudaría a la rehabilitación que los pacientes adviertan el apoyo del talón y grado de fuerza ejercido en cada contacto? 

“En un contexto general, esa idea de recibir un estímulo (auditivo, visual o táctil) de relación directa con algún parámetro del cuerpo recibe el nombre de biofeedback. Es un método que no solía usarse para la rehabilitación de pacientes hemipléjicos y nosotros lo que hicimos fue aplicarlo en esta área a partir de la incorporación de un sonido”, le explica a .ing el Dr. Mazzeo.

El funcionamiento del dispositivo consiste en la aplicación de sensores bajo la planta del pie y auriculares que permiten al paciente percibir un sonido que cambia dinámicamente su frecuencia en función de la presión pisada. Cuanto más fuerte es la pisada, más agudo es el sonido. Según destacan los investigadores, la premisa de este desarrollo se apoya en el movimiento natural de la marcha. Cuando los seres humanos caminan, no lo hacen simplemente porque son capaces de controlar los músculos, sino también porque existe un retorno sensorial que informa cómo se está llevando a cabo la acción. En el caso de los pacientes a rehabilitar, el retorno sensorial es alterado por el ACV, de ahí que el dispositivo viene a compensar el déficit sensorial a través de un lazo externo y artificial.

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